Balance de trabajo de la Asamblea del barrio de San Francisquito 2019.

ASAMBLEA DEL BARRIO DE SAN FRANCISQUITO

A LOS HABITANTES DE NUESTRO QUERIDO BARRIO DE SAN FRANCISQUITO

A LOS HABITANTES DE LOS OTROS BARRIOS QUERETANOS

A OTRAS EXPERIENCIAS ORGANIZATIVAS EN LUCHA

AL PÚBLICO EN GENERAL

A pocos días del cierre de este año 2019, la Asamblea del Barrio de San Francisquito hacemos del conocimiento público algunos puntos que consideramos importantes de nuestro balance de trabajo.

Para hacer frente a la gentrificación del Barrio de San Francisquito, la Asamblea del Barrio ha venido caminando en varias direcciones importantes:

Fortalecer nuestra cultura, identidad, tradiciones y el tejido social de nuestro barrio. Venimos trabajando desde hace más de tres años, llevando las artes plásticas, danza, poesía, música, y cine documental a las calles; también hemos organizado talleres gratuitos para compartir conocimiento. Nos organizamos con vecinas y vecinos de los diferentes sectores del barrio, y también nos hemos hermanado con habitantes de diferentes barrios que se organizan para hacerle frente al despojo. Nuestro sueño es poder construir un verdadero centro comunitario que albergue a las diferentes identidades y culturas que componen nuestro barrio, donde podamos desarrollarnos cultural, social y económicamente a través de la autogestión y la autonomía. Sólo así podremos resolver los problemas más importantes que tiene nuestro barrio, sin que eso implique entregárselo a políticos y empresarios.

Defendemos nuestro territorio frente al despojo por parte de fuertes intereses inmobiliarios y la expulsión paulatina de nosotres como habitantes. Podemos sostener que es un hecho la gentrificación del Centro Histórico y que desde hace años se ha vuelto apetecible a dichos intereses el Barrio de San Francisquito, debido a su ubicación. Ya en su contorno, este tipo de empresas neoliberales han construido dos rentables conjuntos inmobiliarios: Latitude, Puerta La Victoria y el perversamente llamado “Barrio” Santiago, que viene a elevar exponencialmente el llamado valor de cambio del suelo, que significa que el territorio material y sagrado para vivir, se convierte en mercancía.

Defender nuestro territorio material y cultural implica rechazar las políticas gubernamentales al servicio de intereses económicos e inmobiliarios, vía su turistización y patrimonialización. Desde septiembre-octubre de 2012, se diseñó el proyecto para turistizar el barrio, y entre enero y junio del año siguiente se fue dando a conocer.  Dicho proyecto pretendía convertir sus calles y espacios comunes en “andadores turísticos”. Se habló igualmente de construir un absurdo teleférico con dichos fines, y que conectara la parte alta del Barrio con la Alameda, cuando la comunidad pedía un centro comunitario. Pretensiones que logramos frenar.

El 11 de septiembre de 2017, el gobierno municipal de Marcos Aguilar declaró a las Danzas Concheras de Querétaro como “Patrimonio Cultural Inmaterial”, y publicó dicho Decreto el 22 de septiembre en La Sombra de Arteaga del día 22 del mismo. Todo ello, sin consultar, como es obligado, a los portadores culturales. El propio INAH-Querétaro había ya dictaminado que carecía del sustento adecuado y de objetividad. Además, que no daba a conocer sus implicaciones para las danzas concheras, y que ocultaba “bajo qué intereses se orienta”. El Dictamen precisó que este tipo de propuestas debían ser “discutidas y construidas desde los portadores de la práctica cultural, implicando el involucramiento directo de los interesados y no exclusivamente de sectores externos (por ejemplo, dependencias gubernamentales, particulares, empresas turísticas, representantes de la iglesia católica en la entidad) que pudieran limitar o sesgar la autogestión y la auto organización de los grupos concheros”.

Después llegó el proyecto gubernamental de reconocimiento de algunos barrios tradicionales como “Barrios Mágicos”- Éste ha sido implantado en: El Tepetate, Santa María Magdalena y Hércules. La Asamblea del Barrio de San Francisquito se opone a la conversión de San Francisquito en “Barrio Mágico”, pues se trata sólo una estrategia para bajar recursos de organismos internacionales, que benefician a empresas turísticas foráneas y que perjudican al comercio local o nativo, empobreciéndolo o prohibiéndolo.

También debemos mencionar que en agosto de este año, se inauguró en nuestro Barrio, el Centro Cultural BEMA, un proyecto que desde su nacimiento en octubre de 2016 se ha mantenido totalmente desconectado de la realidad y las culturas de San Francisquito. y que ha violado el uso de suelo residencial y la vida de los vecinos, quienes hemos luchado porque abandone el barrio.  Causa que también defendemos en esta Asamblea, pues encarna para nosotros la gentrificación y pensamos que es una “cabeza de playa”. BEMA emanó del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey Campus Querétaro, y de los intereses económicos de la familia de los Loyola Vera. Ninguno de sus dueños, fundadores y promotores vive en el barrio. BEMA nace a partir de la adquisición de un predio y casa en la calle de Privada de Revillagigedo por un inversor inmobiliario, quien se vio favorecido de apoyos municipales para la realización de diversos proyectos, tanto en San Francisquito como en el Centro Histórico, adoptando para ello diversas figuras y nombres: Bema Space, Editorial El Caminante, Fundación Multitud, Derive Lab, etc. En días recientes hemos sido interpelados por sus miembros, llamándonos “conservadores”, acusándonos de tener “posturas fanáticas”, “sembrar odio”, “dividir el barrio” y de ser “xenófobos”. Sus ataques incluyen un cuestionamiento a nuestra existencia: “¿A quién representa la Asamblea del Barrio?”. A todas luces, dichas expresiones han pretendido descalificar a nuestra organización y nuestra lucha. Y frente a ello, entendemos que insultan a una comunidad organizada para defenderse del despojo y la destrucción. BEMA ilustra bien el proceso de gentrificación en nuestra ciudad: Promueven una cara amable, joven, bonita, “buena onda”, sus discursos y conferencias hablan contra la gentrificación, pero su práctica los desdice, y cuando se ven descubiertos se tornan agresivos y amenazantes.

Defender el territorio también implica hacerle frente a las políticas neoliberales de urbanización. Una de sus expresiones este año fue el Eje Estructurante Zaragoza (también llamado Eje vial), como avanzada de Plan de Urbanización en el llamado Q-500, proyecto que afectaba el tejido material y cultural del barrio con el Centro Histórico y el Convento de la Santa Cruz. Este finalmente se suspendió gracias a la acción organizada de diferentes mesas concheras, nuestra Asamblea, y otras organizaciones civiles, quienes no dejamos de marchar y difundir las implicaciones de este megaproyecto. Aún así, sabemos que la lucha no ha terminado, porque no existe un comunicado oficial que decrete la cancelación permanente del proyecto.

En noviembre de este año de 2019, la Ciudad de Querétaro logró el nombramiento como “Ciudad del Diseño”, lo que, desde nuestra perspectiva, viene a fortalecer la gentrificación de nuestra ciudad y de nuestro barrio, en particular. Por solo mencionar tres de sus riesgos: uno, que pretende un diseño de ciudad en donde se privilegia el papel de los grandes inversionistas y sus especialistas urbanistas, sobre la participación ciudadana, la cual tendrá derecho a hablar, pero no a decidir nada. Una segunda amenaza a resaltar, es que plantea convertir el centro histórico en un parque temático para turistas, en donde el arte y la rica historia queretana se degraden en entretenimiento, leyenda y pedantería, esto último encarnado por el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro, ubicado a un costado del templo de La Cruz. El tercer peligro es el de la “patrimonialización” de la cultura y el trabajo ancestral y comunitario, pues bajo la fachada de “patente” –es decir “derechos de propiedad exclusiva”- arrebata a las comunidades, barrios y pueblos originarios sus recursos, sus conocimientos y tecnologías ancestrales. Un referente que nos ayuda a entender lo que se pretende es cómo las empresas biotecnológicas, mediante artimañas legales, impiden el libre intercambio de plantas medicinales, para mercar con los saberes medicinales ancestrales e impedir su libre usufructo. Es claro que al darle un valor de cambio, la cultura popular se convierte en mercancía privada, a ser vendida no por las comunidades, sino por la “nueva” “clase creativa”. Como podemos constatar en este sucinto repaso, estamos frente a un proceso que no solo pretende la conversión de nuestra cultura en una mercancía más al servicio del turismo, sino que pone en marcha la gentrificación del barrio, es decir del desplazamiento de su población popular y tradicional por grupos sociales con mayor poder económico. En suma: se trata del despojo de nuestro territorio.

Por todo lo anterior, la Asamblea del Barrio de San Francisquito planteamos: No queremos ser un “Disneylandia”. No queremos ser mercancías turísticas. No queremos que nuestro barrio sea gentrificado. No demandamos la incorporación a las políticas de desarrollo oficiales actuales, con las cuales estamos en franco desacuerdo. Lo que buscamos y exigimos es ser tomados en cuenta desde nuestro propio proyecto de vida y cultura, es decir, desde nuestro propio concepto de desarrollo. Por ello, caminamos desde mayo del 2016 hacia el reconocimiento de nuestro Barrio como Barrio Indígena Urbano, mediante nuestra autoadscripción.

Y frente a las expresiones emocionales malintencionadas de algunas personas, respondemos:

¿Qué representación o legitimidad tenemos?

En primer lugar, somos una “asamblea”, es decir, tenemos una organización colectiva sin líderes e individuos dirigentes. Organizados en lo planito, nos informamos, debatimos, formulamos propuestas, tomamos decisiones en base al consenso y, finalmente, realizamos acciones colectivas. ¿A quién representa la Asamblea? En primer lugar, nos representa a nosotros mismos, vecinos de San Francisquito. Contamos además de la participación de algunos compañeros y compañeras de otros barrios, comunidades y universitarios. Pero el grueso de nuestra Asamblea se constituyó el 27 de enero de 2019, con 284 firmantes de San Pancho. En segundo lugar, representamos la defensa de nuestro territorio y culturas frente a la gentrificación y el despojo que esto implica.

¿Somos “conservadores”?

Hoy está de moda calificar a todos los opositores de las políticas públicas de “conservadores”. El término “conservador” nos ha sido endilgado por nuestros opositores, en el sentido de ser “atrasados”, que nos aferramos al pasado y no aceptamos el cambio, que no nos abrimos al desarrollo y futuro necesarios. Este discurso introduce un falso dilema. Nosotros estamos en oposición, pero no somos ni liberales ni conservadores. El mundo social es muchísimo más complejo que esas etiquetas.

¿Somos fanáticos? ¿Sembramos el odio y la guerra?

Dichos opositores, arropados con la camiseta del “progreso y el desarrollo”, sólo ven “fanatismo, odio, guerra, destrucción de una supuesta “paz y armonía social” que nunca han existido en nuestro barrio, marginado de las políticas sociales por todos los gobiernos, incluyendo los que han encabezado los hermanos Loyola Vera. A mediados del siglo XIX, Guillermo Prieto (Fidel) definió a nuestro barrio como un “lobanillo”, es decir, como un tumor leñoso adherido a la ciudad. Esto ha sido sostenido sistemáticamente desde entonces. La guerra y la violencia de la que no se habla hoy consiste en el abandono y deterioro de los barrios para incentivar la salida de la población, el abaratamiento de las propiedades y el desaliento social. Nosotros nos negamos a aceptar su “paz injusta”.

Los descalificativos de la élite en el poder son siempre los mismos: Sus miradas y discursos establecen una línea divisoria entre lo irracional y lo racional. Ellos, acomodados en el lugar de lo “correcto”, quedan revestidos de “la Razón, el Desarrollo, la Paz, la Armonía, el Diálogo”, mientras que a nosotros nos dejan eso de “gente sin razón”, “gente de costumbre”, ignorantes, fanáticos. Pero no ignoramos que se trata de una vieja estrategia ideológica de descalificación encaminada a la criminalización de los de abajo. Nosotros apelamos a nuestro derecho a hablar en nuestros propios términos, desde nuestra larga experiencia cultural y política, y desde nuestros padecimientos y problemas.

¿Somos xenófobos?

La acusación de “xenofobia” -palabra que quiere decir “odio o rechazo a los extranjeros”- ha sido dirigida en nuestra contra por tres personajes de Bema o ligados a los Loyola Vera: un colombiano, una francesa y una italiana. A ello respondemos que nuestro México ha sido siempre generoso con los extranjeros que se asientan en nuestro territorio. Nosotros, es decir, la “indiada” (lo decimos con orgullo de nuestra identidad) les respondemos que no estamos bajo el grito de los insurgentes indios de “Mueran los gachupines” o “Que se vayan a su tierra, de donde vinieron”. Y damos nuestro reconocimiento a todos aquellos extranjeros que nos brindan su simpatía y apoyo. Nosotros lo que rechazamos rotundamente es seguir padeciendo el despojo, venga de donde venga.

Para nosotros es claro que el objetivo de dicha mirada imperial es culpabilizarnos y, sobre todo, desviar de lo central, y generar conflicto, dividir. Pero nosotros respondemos a ello, que seguiremos trabajando colectivamente para lograr mejores condiciones de vida propia y ejerciendo nuestro derecho a tener una vida política. Seremos tenaces, hace mucho tiempo entendimos que la defensa de un territorio de vida –material y cultural- debe ser continua, pues las estrategias del poder tienen muchos rostros y torcidos caminos. Uno de ellos es declararse en los medios intelectuales contra la gentrificación y el despojo. Ello es fácil, se ve bien y está “de moda” hasta en los espacios académicos, nos volvemos populares impartiendo sesudas entrevistas o ciberconferencias internacionales, pero lo que cuenta no son las palabras, sino las acciones.

Por último, agradecemos a toda la comunidad que sigue y apoya nuestros caminos de lucha. A todos los barrios en resistencia, les decimos que nuestra solidaridad está abierta hacia sus padeceres y luchas.

Hacia nuestro reconocimiento como Barrio Indígena Urbano

Asamblea del Barrio de San Francisquito

Barrio de San Pancho, Centro Histórico de Querétaro, 17 de diciembre de 2019.

Un comentario en “Balance de trabajo de la Asamblea del barrio de San Francisquito 2019.”

  1. Queridos amigos y conocidos, hay varios puntos que me gustaría debatir con ustedes. Solicito me inviten a la próxima asamblea.
    Vale la pena sumar puntos de vista.
    Quedo de ustedes.
    Ante.
    Bruna Pedemonte

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